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Thursday, March 27, 2008

Quisiera


Quisiera poder pintar

mis tristezas.

Pintar mis nostalgias de

color violeta,

mis hubieras de verde olivo,

mis decepciones de amarillo mostaza.

Pintar un cuadro bello en dolor.

Pintar y dejarlo colgado

en mi cuarto.

Pintarlo,

dejarlo,

desprenderlo por fin de mí.

21 de marzo


Aquí no llega la primavera. El aire es denso y el blanco es vacío, es ausencia…La gente camina pálida y arrastrada por el viento, no hay carcajadas, nadie se habla. Aquí el frío es un estado de ánimo. En la tele se anuncia un calor paradisíaco, palmeras, mar, arena y fuego, pero todo se ve como un destino muy lejano. Creo que la apatía es un virus muy común en estos lugares, todo mundo está enfermo y padece como yo de una muy generalizable calma y una vida tan sosa que de pronto no se te antoja despertarte.

Tu espíritu muta, te vuelves más callada, más tranquila, menos roja y más azul cielo. Aquí donde no llega la primavera los pensamientos se ciclan, se vuelven inútiles, las ideas se esfuman con el viento, los sueños se hacen más densos, las vidas se detienen. Y luego el silencio, el sol y el calor en mis venas, un súbito grito; ¡aquí estoy, aquí sigo! La primavera está en mí.

Monday, March 24, 2008

Anette


Anette tenía nombre de cristal cortado. De esos nombres que no puedes tocar del todo sin llegar a quebrar. Era pálida y su cabello era color rojo pecado. Su persona imponía sin embargo su voz era suave y en la mayoría de las ocasiones ella se dedicaba a asentir con la cabeza y a suspirar en las conversaciones de los demás. Todo parecía aburrirla. Anette tocaba el piano desde los 5 años, de lunes a viernes iba religiosamente a clases de piano. Su maestro era un señor que debió ser en sus tiempos de gloria un reconocido concertista y ahora sólo era un hombre con el ceño fruncido que daba clases particulares por necesidad más que por gusto. Aunque el piano era algo impuesto por sus padres, Anette disfrutaba las clases ya que ese señor tenía más pensamientos en común con ella que probablemente cualquier persona que ella conociera. Durante esa hora al día ella sólo tocaba o se dejaba aconsejar sobre técnica, sentimiento y movimiento con las palabras sabias de este añejado talento.
Anette tenía dos hermanas; Mariela y Violeta. Ambas con intereses bastante secos y carentes de profundidad. Ninguna de ellas era tan bonita o atractiva como Anette sin embargo disfrazaban su mediocre apariencia con vestidos caros y más adelante con maquillaje y joyas por lo que finalmente pasaban como mujeres aparentemente guapas. Su madre era hermosa como una diosa griega sin embargo carente de un pensamiento propio, siempre atenta a los deseos de su esposo o a los caprichos de sus hijas por lo que Anette minimizó su presencia caracterizándola como una marioneta con los hilos bien atados a su titiritero. Su padre era inteligente, por lo menos eso le quedó claro en un principio, era también atractivo y seductor, a veces rayando en los límites de lo moralmente aceptado. Ella se sentía extraña a esa familia, ajena a sus pleitos, sus alegrías y sus desventuras. Siempre pensó que alguna pareja sin dinero debió haberla dejado en la puerta de esa familia tan adinerada y que en realidad era hija de un músico y de una actriz que carentes de fortuna decidieron abandonarla.